jueves, 13 de junio de 2013

¡NO DISPAREN CONTRA LA UNIVERSIDAD!



El principal obstáculo para conseguir que la universidad siga siendo un centro creación de conocimiento y de formación integral son los gobernantes que defienden el patrón neoliberal pretendidamente modernizador.

J. Prats. Publicado en Escuela  el 13 de junio de 2013

Desde hace algún tiempo son frecuentes las críticas a las universidades públicas. Los argumentos hacen referencia a la ineficiencia del sistema, a la poca ligazón de la investigación con las empresas, al sistema de gobierno democrático que califican de ineficaz y, por último, a considerar la universidad como una fábrica de parados. La mayor parte de las veces estas críticas coinciden con la aparición de determinados rankings mundiales de las universidades. Los periódicos ofrecen titulares con valoraciones casi siempre negativas ya que sólo tienen en cuenta la posición de los centros superiores en estas particulares “ligas”.


Los articulistas críticos suelen ser profesores que han sido “liberados” de su trabajo y deambulan por centros de investigación, casi siempre poco rentables en papers si los comparamos con los departamentos universitarios, donde los investigadores compaginan investigación y docencia. También encontramos profesionales de la tertulia radiofónica o televisiva que, en sus profesiones empresariales o políticas suelen ser un auténtico desastre, pero que pontifican con aparente rotundidad sobre los males de nuestra educación. Y, por último, algunos de los profesionales de la calidad que creen saber algo simplemente por utilizar, con poca profundidad, expresiones como “evaluación y eficiencia”, “control de calidad”, “excelencia”,  estudiantes como «consumidores», el concepto de medición de un «producto con valor añadido» etc. dando a entender que hablar con estos conceptos suponía modernidad y cambio.

Si utilizamos indicadores estandarizados, el diagnostico no concuerda con las valoraciones de estos cómplices, quizá inconscientes, del derribo de la universidad pública. Sobre la inserción laboral de los graduados ya publique un artículo en el que, con datos y no con percepciones, se demostraba la alta empleabilidad relativa de los que acababan sus estudios  en la Universidad (Vid. “La Universidad no es una fábrica de parados”. ESCUELA núm. 3916)

Respecto los cambios que ha experimentado el sistema universitario puede decirse sin exageración, que es uno de los ejemplos de éxito de un rápido crecimiento y desarrollo sin traumas. En treinta años ha pasado a atender un sector minoritario de la población, con una raquítica estructura investigadora y con un profesorado escaso, a un sistema  que, pese a sus deficiencias, se puede considerar homologable al resto de los países europeos. En tres décadas se ha  más que duplicado el número de universidades (de 33 a 70) y de estudiantes (de 645.000 a 1.400.000), y ello sin graves distorsiones. Actualmente, la tasa de entrada de jóvenes a los 18 años es del 46%, menos que la media de los países de la OCDE, pero ya una cifra aceptable.

La universidad española tiene un grado elevado de eficiencia. Como demuestra el rector F.X.Grau (URV), la formación de un estudiante universitario cuesta al erario público mucho menos que lo que se invierte en países vecinos. Pese a que la inversión pública está a la cola de los países de la UE-15, el nivel de productividad científica, las tasas de graduación y la calidad de la formación son satisfactorias.

En relación a la investigación, España está en el noveno lugar del mundo produciendo el 3% de los resultados, con un nivel de impacto superior en un 16% a la media mundial. De ésta producción, más de un 74% se realiza en la universidad. Pese a la escasa inversión pública y la todavía menor inversión privada, el nivel de captación de recursos en contratos y en convocatorias competitivas es muy destacado.

Podría seguir enumerando elementos que describen el sistema universitario y también un listando deficiencias, insatisfacciones y problemas, que los hay. Podría enumerar un buen número de aspectos a mejorar, tanto en la estructura organizativa, como en la ordenación académica o en utilización de recursos humanos. Pero nunca incurriría en la invalidación global y maximalista como las que leo y escucho en algunas de las burdas e interesadas críticas habituales, que se basan casi exclusivamente en una lectura superficial de los rankings. Es positivo comparar las instituciones, pero sería muy aconsejable hacerlo considerando los factores internos y contextuales. El sistema está cambiando y tiene retos que alcanzar, pero nunca tuvimos algo mejor que augure, con la ayuda de las administraciones, un futuro tan prometedor.


El principal obstáculo para conseguir que la universidad siga siendo un centro creación de conocimiento y de formación integral no es modelo actual de nuestra Educación Superior, con todos sus graves defectos. El principal obstáculo son los gobernantes que defienden el patrón neoliberal pretendidamente modernizador, tan hegemónico en la actualidad. Esta “nueva” visión del sistema universitario intenta aniquilar el modelo científico-humanista y  suprimir la necesaria autonomía relativa de la universidad en el sistema social. Un patrón mercantilizado en el que solamente cobra valor el saber que el mercado considera rentable (con la miopía e inmediatez que caracteriza a los mercados).  Ellos, con sus políticas, están poniendo en peligro una institución que está en un buen camino para conseguir excelentes resultados en producción científica, en formación y en mejora cultural. ¡Por favor, dejen ya de disparar contra la universidad (pública)!.
Joaquín Prats


domingo, 9 de junio de 2013

Tiempos Fracturados, el libro que reúne los últimos ensayos de Eric Hobsbawm


El volumen editado en Inglaterra compila conferencias y reseñas del historiador fallecido en 2012

Por Pablo Marin (En LA TERCERA 09/06/2013)


El 1 de octubre de 2012, a los 95 años y víctima de una neumonía, Eric Hobsbawm falleció en Londres. No se hacía expectativas de trascendencia o inmortalidad. En su libro de memorias ya había dicho que si su nombre llegase a desaparecer, como desapareció de las lápidas de sus padres en Viena, “no se produciría ninguna laguna en el relato de lo sucedido en la historia del siglo XX, ni en Gran Bretaña ni en ninguna parte”.

Con todo, la prensa y los colegas recordaron masivamente al “historiador más famoso del mundo”, como lo había llamado su amigo y contradictor Tony Judt. También lo homenajearon, no sin poner sobre la mesa algo que el propio Judt había afirmado en su minuto: que Hobsbawm, comunista de toda la vida, “nunca encaró la herencia política y moral de Stalin”. Y celebraron una heterodoxia que exploró temas poco evidentes con evidente vocación narrativa, así como un legado de exploraciones en el arte y la cultura, integrando viejas y nuevas acepciones de esta última.

Hobsbawm, que alguna vez fue crítico de jazz con seudónimo, escribió hasta sus últimos años comentarios de libros en revistas especializadas, capítulos de obras colec-tivas y textos especialmente solicitados por museos, galerías y fundaciones. Todo ese material en distintos idiomas, parte del cual nunca se había publicado, aparece ahora en un volumen: Fractured times. Culture and society in the 20th Century.

Las paradojas de la religión en tiempos secularizados, la vacuidad del arte contemporáneo, las vanguardias creativas de la URSS, la vida del científico JD Bernal, la relación de los judíos con Alemania, el rol de los intelectuales en el espacio público, el esplendor y las miserias del Art Nouveau. El libro incorpora un amplio rango temático, en el que asoma siempre su verbo distintivo, a ratos severo, a ratos delicadamente irónico.

Vanguardias e inventos
¿Cómo pudo el siglo XX confrontar el colapso de la sociedad burguesa tradicional y de los valores que la sostuvieron?, se pregunta Hobsbawm a lo largo de una sección completa del libro. El “siglo corto”, como lo llamó, fue también “el siglo del hombre común”. En él se vio la dramática reducción del público de “alta cultura clásico-burguesa” a un “nicho para viejos, para esnobs o para ricos en busca de prestigio”. No es poco decir: a lo largo del siglo XIX, las triunfantes burguesías europeas construyeron en torno a las iglesias y palacios céntricos de Viena y otras ciudades los monumentos a su nuevo estatus: grandes teatros y otros escenarios donde se ejecutarían las óperas, las sinfonías o los ballets que caracterizarían la “alta cultura”. Igual que los museos que también comenzaban a erigirse.

Pero con la Gran Guerra esa sociedad y ese concepto se desmoronan. E incluso antes, cuando asomaron las primeras vanguardias artísticas. El discurso “antiarte” de estas últimas, unido a un auge de “reproducción mecánica” (cada uno por su lado), creó una suerte de vacío para las manifestaciones “clásicas” asociadas a un canon musical que no supera las 200 obras. Y que no tiene opción de renovarse.

Se genera así, para Hobsbawm, una dualidad singular. Por un lado, la cultura clásica ha sido adoptada en buena parte de Occidente como un ideal, como un norte de enriquecimiento espiritual. Pero por otro, es una suerte de islote cada vez más chico: la contemporaneidad exige un sentido de presente, de placer, de inmediatez, de conexión, de éxtasis en todos los sentidos posibles. Ni Mozart ni Beethoven pueden contra eso.

Por otro, está el surgimiento de las vanguardias asociadas a una “‘actividad creativa’ ya no identificable con los criterios tradicionales de las ‘obras de arte’, tales como el talento y la permanencia”. Vanguardias, eso sí, que se reconocen en su tiempo como tales y “no las etiquetas ni las escuelas creadas retrospectivamente, como el ‘Postimpresionismo’, o inventadas por críticos y dealers de arte, como ‘Expresionismo Abstracto’”. Y remata Hobsbawm, como para aclarar, que no tiene problemas con el arte conceptual. Pero observa que “intelectualmente, los conceptos en el arte conceptual suelen ser poco interesantes, a menos que se les lea como chistes, como el urinal de Duchamp o, mucho más divertido para mí, las obras de Paul Klee”.

En ocasiones, a lo largo del libro, Hobsbawm arguye falta de dominio para no entrar en cuestiones muy específicas. O refiere su experiencia vital, como cuando habla de la historia de los judíos en Europa durante los últimos dos siglos: al tiempo que detalla el aporte judío a la política del S. XIX, cavila en torno a la segregación y a la autosegregación, mientras recuerda encuentros familiares de su niñez. También se pregunta si los asesinatos de físicos nucleares iraníes no son síntomas de una creciente -y preocupante- interacción de religión y política.

Se sabe que buen historiador no hace buen profeta y Eric Hobsbawm ha dado pruebas de ello. Por eso en Fractured times hay palabras de esperanza y transformación, pero también diagnósticos fríos y razonados, en los que no se pretende inferir lo que vendrá. Aunque algo se hace: “El historiador tiene una ventaja respecto del futurólogo: la historia lo ayuda, si no a predecir el futuro, al menos a reconocer lo históricamente nuevo en el presente. Y así, quizá, a iluminar el futuro”.

miércoles, 5 de junio de 2013

V Simposio Internacional de la Didáctica de las Ciencias Sociales en el ámbito iberoamericano: «Historia e identidades culturales»






La Universitat de Barcelona ha organizado desde el 28 de mayo al 2 de junio dos importantes eventos en el campo de la investigación de la Didáctica de Historia

V Simposio Internacional de la Didáctica de las Ciencias Sociales en el ámbito iberoamericano: «Historia e identidades culturales» y el

XIII Congresso Internacional Jornadas de Educação Histórica


Los organizadores han sido el grupo de investigación DHIGECS y el de didáctica patrimonial  DIDPATRI, ambos del departamento de Didáctica de las Ciencias Sociales de la UNIVERSIDAD DE BARCELONA
En la organización han colaborado académicos de la  Universidad de Murcia, de la de Santiago de Compostela y de las universidades portuguesas de Oporto y de Minyo

Han asistido 195 académicos procedentes de 12 países europeos y americanos (Italia, Reino Unido, Israel, Portugal, Brasil, Colombia, España, México, Chile, Argentina y Ecuador).




Algunas imágenes de los eventos: